En el centro de la economía mexicana late un corazón que no siempre se reconoce: los millones de pequeños comercios, servicios y negocios familiares que sostienen la vida cotidiana del país. Ese México real —como lo llama Octavio de la Torre, presidente de la Confederación Nacional de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur)— representa más del 99% de las unidades económicas y genera dos tercios del PIB y siete de cada diez empleos formales.
La Concanaco, fundada en 1917, nació con la misma energía que el México postrevolucionario. Ha sido testigo de transformaciones profundas: crisis, expropiaciones, liberalización, tratados comerciales, revoluciones tecnológicas. Hoy, más de un siglo después, sigue siendo el rostro del sector más humano y más desafiante del país: las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs).
Del orgullo histórico a la urgencia actual
La historia gremial de Concanaco es, en muchos sentidos, la historia económica de México. De sus filas nacieron instituciones que hoy son pilares del desarrollo: INFONAVIT, FONACOT, el IMSS, la CONCAMIN, la CANACINTRA y el propio Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Sin embargo, su relevancia actual no está solo en el pasado, sino en su capacidad de traducir la voz de millones de negocios locales —tienditas, talleres, restaurantes, servicios familiares— en políticas públicas que reconozcan su peso real.
De la Torre insiste en que la misión de la Concanaco es representar a quienes no pueden ir a la capital a reunirse con el gobierno porque están abriendo su negocio cada mañana. Esa capilaridad —más de mil cámaras locales— le permite observar la economía desde el territorio: desde un pueblo de Oaxaca, una comunidad turística de Mazatlán o un mercado de Uruapan.

La trampa de la informalidad y el costo de la desigualdad
El gran enemigo silencioso del México productivo sigue siendo la informalidad.
Más del 55% del empleo y alrededor del 60% de los negocios operan fuera de la ley. No pagan impuestos, no ofrecen seguridad social y tampoco gozan de protección ni acceso a crédito.
La Torre lo llama una trampa y un síntoma: trampa porque genera pobreza estructural; síntoma porque refleja una economía desigual y un sistema fiscal disuasivo. Formalizar, por tanto, no es castigar, sino dignificar el trabajo y equilibrar la competencia.
Las propuestas del sector son claras: simplificar la tributación, ampliar la base de contribuyentes, y crear una Ley General de Autoempleo que reconozca al vendedor ambulante o prestador independiente bajo un marco justo de derechos y obligaciones. No se trata de prohibir la economía informal, sino de convertirla en economía con derechos.
Digitalización y nueva cultura empresarial
La transformación digital aparece como otra frontera decisiva.
Según un estudio citado por la Concanaco, los negocios que se digitalizan pueden aumentar su facturación hasta un 35%. Sin embargo, la mayoría de los comercios mexicanos siguen operando sin herramientas tecnológicas, sin banca electrónica y sin estrategia digital.
Para revertirlo, la Concanaco impulsa proyectos como “Viernes muy mexicano”, una plataforma para que pequeños negocios se promocionen en línea; “Nido Empresarial”, que apoya a jóvenes emprendedores universitarios (más de 700 hasta ahora); y convenios con TikTok, Amazon, Uber, Airbnb y Banxico para fortalecer la capacitación y el acceso a servicios digitales.
No se trata solo de tecnología: es un cambio cultural.
“El brinco está en proceso”, reconoce el propio De la Torre. La meta es que las MiPyMEs dejen de sobrevivir día a día para empezar a tomar decisiones con datos, confianza y visión de futuro.
Institucionalizar el cambio: mujeres, jóvenes y territorio
El liderazgo actual también ha marcado un cambio de época dentro de la propia Confederación. Hoy, el 90% del comité ejecutivo y el 57% de los representantes regionales son mujeres, un hecho inédito en una organización históricamente dominada por hombres.
A ello se suma la creación de la G32, una Asamblea Nacional de Empresas y Negocios Familiares que busca unir cámaras, asociaciones locales y emprendimientos de base en torno a una agenda común: seguridad, simplificación, digitalización y salud empresarial.
Este nuevo enfoque privilegia la institucionalización sobre el personalismo: dejar programas permanentes —como El Buen Fin, Viernes Muy Mexicano o La Gran Escapada— como patrimonio colectivo de la Concanaco y no de una presidencia temporal.
De la representatividad al futuro
La Concanaco es más que una confederación: es un termómetro del país que trabaja, que vende, que sirve y que resiste. Su apuesta por la formalización, la innovación y la inclusión marca una ruta que no solo beneficia a las empresas, sino al propio Estado.
En el fondo, la pregunta es simple pero urgente:
¿Qué políticas públicas, qué cultura empresarial y qué modelo fiscal necesitamos para que esos millones de negocios familiares —el corazón real de México— puedan prosperar sin miedo, sin burocracia y sin desigualdad?
El futuro de la productividad nacional se juega ahí: en la esquina donde una tienda abre cada mañana y donde el país, silenciosamente, se reinventa.